Los hay de diferentes portes, aspectos y colores; algunos se transforman en pequeños arbolitos con la ayuda de podas periódicas y otros pueden alcanzar grandes alturas con la ayuda de tutores o gracias a su facilidad para trepar, pero todos destacan, además de por su belleza, por tener una fragancia particular. Decidirte por uno u otro, dependerá no solo de tus gustos, sino de las características de tu jardín, de las necesidades de cada especie y de tus objetivos decorativos. Busca el mejor aroma para tu jardín.
Los trepadores te permiten tapizar la fachada o un murete próximo a la casa o a una zona de paso al tiempo que lo impregna con su perfume, pero también puedes utilizarlas para poner un toldo verde a una pérgola, a un cenador o a cualquier otra estructura de una zona de estar. Con respecto al resto, puedes utilizarlos para hacer setos, instalarlos de forma aislada con fines puramente decorativos, e incluso cultivarlos en macetas para tenerlos más a mano.
Celinda
Al intenso aroma de sus flores, similar al azahar, le debe la celinda (Philadelphus coronarius) el sobrenombre de «falso naranjo». Brotan entre mayo y junio, están formadas por cuatro pétalos y se disponen en ramilletes de varias unidades de color blanco cremoso. Aunque puede crecer a la sombra y se adapta a cualquier tipo de suelo, su floración es más abundante y de mejor calidad si recibe sol y cuenta con un drenaje adecuado. Colócala en zonas de paso, formando setos o borduras, para disfrutar más de su perfume. También dará buenos resultados junto a muros rústicos o muretes.


Lilo
Sencillas o dobles, reunidas en espigas y extraordinariamente aromáticas, su efímera vida es el único inconveniente que padecen las bellas flores del lilo (Syringa vulgaris). Coloca sus arbolitos en un rincón soleado próximo a la vivienda o instálalos en una zona de paso frecuente para disfrutar plenamente de su perfume entre abril y mayo. Solo te pedirán tierra fértil y un buen sistema de drenaje.


Madreselva
También conocida como «rosa de miel» por la intensidad dulzona del aroma que desprenden sus flores tubulares, la madreselva (Lonicera) es uno de los arbustos trepadores más duros que puedes incorporar a tu jardín. Resiste a las adversidades climáticas y se hace hueco en cualquier tipo de terreno por pobre que sea, lo que le hace una apuesta segura. Su única exigencia es una exposición soleada para florecer.


Laurel
En el caso de Laurel común (Laurus nobilis) el responsable de su rico aroma es el follaje. Pequeño y resistente, las heladas pueden dañar las hojas de este arbusto o arbolito, lo que obliga a instalarlo en un emplazamiento protegido, por ejemplo, junto a un muro, y situado al sol. No está demás colocarlo cerca de la cocina para tenerlo a mano cuando se le quiera dar el uso culinario al que también se presta. Puede cultivarse en macetas o directamente sobre el terreno, pero siempre sobre suelos fértiles y bien drenados.


Jazmín
La particular fragancia dulzona del jazmín común blanco (Jasminum officinale) evoca noches exóticas dejando que recuerden su origen oriental: India, China, Irán… Aroma que podrás disfrutar aquí si lo instalas en un lugar resguardado y soleado, por ejemplo, apoyado en un muro orientado al sur, o en la fachada de la casa si es esta su orientación y quieres deleitarte con él al abrir las ventanas. Cualquier zona de estancia será apropiada también para disfrutar de él durante veladas estivales. Conviene entutorarlo para orientar su crecimiento.


Adelfa
Las flores de algunas variedades de adelfa (Nerium oleander) tienen un perfume tan intenso que puede resultar mareante si uno se expone a él durante mucho tiempo, por lo que no conviene situarlas muy cerca de casa o de las zonas de estancia del jardín. Pueden ser sencillas o dobles y de color blanco, amarillo, rosa e incluso carmín, y surgen entre principios de verano y principios de otoño, además, el arbusto cuenta con atractivas hojas lanceoladas de color verde neutro y puede alcanzar hasta 5 m de altura. Tolera todos los tipos de suelo.


Guisante de olor
Es difícil encontrar plantas de flor tan dulcemente perfumadas como el guisante dolor (Lathyrus odoratus). Las responsables son sus flores rosas, azules, púrpuras o blancas, que brotan sobre los tallos, provistos de zarcillos, desde finales de primavera hasta principios de otoño. Aunque es muy resistente, agradecerá una exposición a pleno sol y un suelo rico en humus, fértil y bien drenado. Para disfrutar de su aroma colócalo en macetas situadas en la terraza cerca de la vivienda.


