La elaboración de una kokedama puede parecer difícil a primera vista, pero siguiendo los pasos adecuados se convierte en un proceso fácil y muy entretenido. Además, es una actividad perfecta para conectarse con la naturaleza y relajarse.
Por Joan Català Margarit. Fotos: Francesca Català

PASO 1. Mezclar sustrato mineral, agua y akadama
En primer lugar, debes preparar la mezcla base con la que crearás la bola de tu kokedama. Para ello, vierte el sustrato mineral en un recipiente y mézclalo con la akadama, previamente desmenuzada con los dedos.
La proporción de ambas partes dependerá del tipo de planta que hayas elegido. Como referencia, más o menos la cantidad de akadama debería ser alrededor de una décima parte de la cantidad de sustrato. Puedes guiarte pensando que para una cantidad de sustrato que llene casi por completo un bol de cocina, deberás añadir aproximadamente 5 puñados de akadama.
A medida que mezcles los ingredientes, añade agua y continúa mezclando con las manos hasta obtener una masa homogénea y fácil de moldear. Como verás, es una sensación bastante agradable. Si no logras obtener una mezcla homogénea de inmediato, no te preocupes. Si la mezcla queda demasiado seca, puedes agregar más agua gradualmente hasta alcanzar la consistencia deseada.



PASO 2. Preparar la planta
Con cuidado, saca la planta que hayas elegido de la maceta y retira el sustrato que rodea sus raíces hasta que éstas queden expuestas. No hace falta que retires todo el sustrato, pero sí todo el que puedas. Si observas alguna raíz en mal estado, puedes podarla con las tijeras. Si hay alguna raíz especialmente larga que dificulte la creación de la bola alrededor de las raíces, también puedes recortarla ligeramente. Tira la tierra que viene en la maceta para añadir nueva tierra con más nutrientes.


PASO 3. Hacer la bola
Una vez tienes la mezcla hecha y la planta está fuera de su maceta original es hora de realizar la bola. Debes colocar la mezcla alrededor de las raíces de la planta hasta cubrirlas todas.
Normalmente, cojo mezcla con mi mano izquierda, la pongo en posición horizontal y coloco la planta tumbada encima. Las raíces, claro, tienen que estar en contacto con la mezcla que hay en mi mano y el resto de la planta debe salir por delante. A partir de allí, voy cogiendo mezcla con mi mano derecha y la voy añadiendo alrededor de las raíces, formando una bola. No te preocupes demasiado de que la bola sea redonda ahora. Es normal que las primeras kokedamas no queden perfectamente redondas y
cada persona tiene su propio estilo.
De manera gradual, puedes ir agregando más mezcla hasta que las raíces estén completamente rodeadas. Aprieta para que el exceso de agua caiga. Si alguna parte se va desenganchando, puedes coger mezcla, mojarla más, y ponerla en la bola. Yo comparo la mezcla con agua con el pegamento, ya que ayuda a que la bola se mantenga unida cuando nos está costando que así sea. Cuando la bola esté compacta, puedes dejarla a un lado y pasar a la siguiente fase.



Otra técnica: añade mezcla encima de la mesa donde estés elaborando tu kokedama. Entonces, tumba la planta en la mesa de manera que las raíces queden justo encima de la mezcla. Después ya puedes empezar a añadir la mezcla alrededor de las raíces sabiendo que no se te va a caer ya que está encima de la mesa. Cuando veas que la bola se va compactando, puedes coger la planta con cuidado (siempre por la bola) y ponerla en posición vertical. A partir de allí, puedes seguir añadiendo mezcla alrededor de las raíces e ir apretando para que la bola quede lo más compacta posible.
Esta técnica es ideal si eres principiante y estás haciendo una planta muy difícil. Es importante que limpies la superficie de trabajo y tus manos para no ensuciar el musgo.
PASO 4. Colocar el musgo
Coge el musgo y límpialo cuidadosamente. Para ello, extiéndelo sobre una mesa y retira cualquier hoja, tronco, rama o bellota que encuentres. Básicamente, debes quitar todo lo que no sea musgo. No es necesario quitar todas las hojas de pino o troncos, ya que podría llevar mucho tiempo, pero es recomendable retirar la mayor cantidad posible. Es posible que también encuentres algunos gusanos o caracoles, los cuales debes retirar y devolver a la naturaleza.


Una vez que hayas realizado esto en la cara verde del musgo, dale la vuelta y repite el proceso en el lado opuesto. Aquí es importante presionar la capa de musgo por si hay algún tronco grande, piedra, piña o bellota escondida.
Si el musgo tiene una capa de raíces muy gruesa, intenta retirar parte de ella sin romper la capa de musgo. Recuerda que el musgo no continuará creciendo una vez que hayas formado tu kokedama, sino que actuará como la propia maceta. Con el tiempo, es posible que el musgo adquiera un ligero tono marrón, pero seguirá luciendo hermoso de todas formas.
Coloca la planta encima del musgo y abrazar la bola de sustrato con este. Digo abrazar porque se tiene que hacer poco a poco y siguiendo la circunferencia de la bola. Tienes que evitar realizarlo como si de un caramelo se tratara.
Si hay algún trozo de bola que el musgo no llega a cubrir, puedes coger otro trozo de musgo más pequeño y ponerlo justo encima como si fuera un puzzle o collage. De hecho, a veces es difícil encontrar una capa de musgo entera y tienes que cubrir la bola con distintos pedacitos de musgo. Es mejor que no coloques musgo encima de musgo ya que la bola puede no quedar tan bonita y el musgo aguantará menos tiempo verde.
PASO 5. Colocar el hilo
Una vez que hayas colocado el musgo, debes rodear la bola con hilo de algodón para asegurar que el musgo se mantenga en su lugar. Tu planta debería estar en posición vertical sobre la mesa.
Deja la bobina de hilo en la mesa o en el suelo y rodea la bola con una vuelta de hilo de forma horizontal. Luego, realiza un nudo doble y corta el exceso de hilo. De esta manera, el hilo quedará sujeto a la bobina y podrás utilizar la cantidad necesaria de hilo para hacer la kokedama.



A continuación, coge el hilo y empieza a dar vueltas a la bola de manera que la capa de musgo quede unida al sustrato. Tienes que intentar apretar el hilo todo lo que puedas sin que este se te rompa. Empieza a dar vueltas en diagonal. El hilo tiene que ir de arriba de la bola a la derecha hasta abajo de la bola a la izquierda. Si eres zurdo, seguramente te resultará más cómodo hacerlo al revés. Por «arriba a la derecha» me refiero a que el hilo tiene que pasar lo más cerca posible de la planta pero sin tocarla (para no dañarla), pero consiguiendo así que la planta quede bien sujeta.
Asegúrate de que, al hacerlo, el hilo pasa por debajo de la bola. Al finalizar una pasa- da de hilo, tenemos que coger la planta, rotarla un poco y hacer el mismo proceso. Así conseguiremos que haya hilo por toda la bola y quede bien sujeta. Te recomiendo que realices las primeras vueltas con la bola sobre la mesa, sin sostener la planta en el aire.

Cuando el musgo ya se aguante bien, levanta la bola para seguir el mismo proceso en el aire. Si la bola pesa mucho, o simplemente te es más fácil, puedes seguir trabajando con la planta encima de la mesa y sin levantarla.
A medida que vayas dando vueltas, aprieta la planta con las manos y dale forma redonda para que quede más bonita. Utiliza el hilo para ajustar las zonas que no estén bien redondeadas o que no tengan la forma deseada. Sigue dando vueltas hasta que la planta tenga la bola redonda y esté bien sujeta. Yo siempre digo que lo ideal es poner el mínimo hilo posible ya que así resalta más el musgo. De todos modos, tenemos que poner la cantidad de hilo suficiente para que no se nos desarme la planta.
Cuando llegues a este punto, corta el hilo y pásalo por debajo de una de las primeras vueltas. No hace falta que sea la primera pasada ya que sería muy difícil encontrarla. Pasa el hilo por debajo y haz un nudo de manera que quede bien sujeta.
ÚLTIMOS RETOQUES
Coge unas tijeras y recorta los trozos de musgo que sobresalgan de la bola. Si prefieres que tu kokedama tenga un aspecto más salvaje, no es necesario que lo podes demasiado o incluso puedes evitar completamente la poda. Por el contrario, si deseas que tenga un aspecto más cuidado, deberás podar un poco más. Personalmente, me gusta combinar ambas opciones.

Eso sí, siempre recorto el musgo que queda justo al lado de la planta para darle una forma más redonda a la bola. Una vez que hayas terminado estos retoques, habrás completado tu kokedama.

Texto extraído del libro Kokedamas y jardines en un bol (Editorial Oberon),
con permiso de la editorial.
