El invierno no tiene por qué convertirse en la estación del abandono. Con acolchados, protecciones y un poco de observación, el jardín resistirá los embates del frío y florecerá con más fuerza en primavera.
El invierno llega con su ejército de enemigos: viento gélido, heladas persistentes y nevadas que ponen a prueba la resistencia de cada rincón verde. Pero tu jardín no tiene por qué convertirse en un campo de batalla. Con un poco de previsión y algunos trucos prácticos, es posible levantar un verdadero blindaje natural y evitar bajas en tus plantas más valiosas.
Las señales de alerta con las que el frío nos avisa son fáciles de identificar. Manchas y quemaduras en las hojas anuncian descensos moderados de temperatura. Y estar atentos merece la pena, pues una helada fuerte puede debilitar o incluso acabar con los ejemplares más frágiles. Las especies jóvenes, recién plantadas, son las primeras en sufrir. Por eso, la clave es adelantarse a los rigores del invierno y actuar antes de que los daños sean irreversibles.
Abrigos vegetales
Hay muchas maneras de vestir a las plantas para que puedan soportar el frío:
- Envolturas protectoras. Arpillera, mantas viejas, cartón o papel de periódico sirven para rodear árboles, arbustos o trepadoras. Si añades paja o helechos entre la cubierta y las ramas, el aislamiento mejora notablemente.
- Acolchados generosos. Corteza, paja, mantillo o compost bien fermentado tienen la capacidad de mantener caliente la zona de las raíces. A los rosales y a las especies leñosas les viene bien aporcar tierra en la base.
- Túneles y campanas. Fabricados en polietileno, estos accesorios típicos en los huertos resultan también perfectos para resguardar ejemplares delicados en terrazas o macetones.
- Pantallas contra el viento. Un seto de 1,5 metros puede reducir a la mitad la fuerza del aire en un radio de 7,5 metros. Brezos, cañizos o estructuras de lamas de madera también son buenas soluciones para hacer de parapeto.


Agua bien gestionada
El exceso de lluvia y el encharcamiento prolongado asfixian las raíces. Para evitarlo, una zanja con grava y arena en el fondo mejorará el drenaje y evitará los charcos. Por otro lado, ten en cuenta que la humedad alta favorece la aparición de hongos: un tratamiento fungicida preventivo protegerá a los ejemplares más delicados.
En el estanque, el hielo puede romper las paredes. Un corcho, pelota o trozo de madera flotando absorbe la presión y mantiene la estructura intacta. Y no olvides vaciar por completo el sistema de riego: evitarás averías y tuberías reventadas.
Nieve y escarcha bajo control
Aunque la nieve actúa como manta térmica, los problemas aparecen cuando va seguida de heladas intensas o se acumula en exceso. Sacúdela suavemente de las ramas para evitar que se quiebren y mantén despejadas las plantas más tiernas.
La escarcha, en cambio, conviene eliminarla con un riego en forma de lluvia fina, siempre en días soleados y a media mañana.

Refugio para las macetas
Las plantas en tiesto son especialmente vulnerables. Agrúpalas en un rincón soleado y orientado al sur, lejos de corrientes de aire. Puedes cubrirlas con plásticos perforados, velos hortícolas o rodearlas con malla rellena de hojas secas. Para especies tropicales o mediterráneas, lo ideal es trasladarlas al interior, cerca de la luz natural y alejadas de la calefacción.

Cuidados extra según la especie
Adelfas y jazmines: protégelos del viento y cúbrelos en heladas.
Camelias y cítricos: colócalos junto a muros o pantallas orientadas al sur.
Geranios y crásulas: protégelos con plásticos perforados para evitar exceso de agua y frío.
Helechos y cicas: agradecen paja o compost en la base y cierta cobertura en porches o pérgolas.

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