El jardín y la terraza están que estallan de vida, pero ese mismo impulso es también una llamada para plagas y enfermedades. Insectos, hongos y pequeños desequilibrios encuentran en mayo y junio el escenario perfecto para aparecer. Detectarlos a tiempo y actuar con criterio será tu mejor baza para que tu espacio verde llegue al verano lleno de fuerza.
Señales que no debes ignorar
● Detectarlas a tiempo permite actuar antes de que el daño se extienda.
● Manchas anaranjadas → posible roya
● Polvillo blanco → indicio de oídio
● Hojas pegajosas → presencia de pulgón o cochinilla
● Telarañas finas → araña roja
● Agujeros en hojas → caracoles o babosas
● Capullos deformes → ataque de insectos.

El jardín habla
El primer gesto no debería ser intervenir, sino observar. El jardín siempre da señales, pero hay que aprender a leerlas. Cada uno de estos síntomas es una pista. Y cada pista conduce a un problema concreto.
- Un cambio de color en las hojas
- Flores que no terminan de abrirse
- Capullos deformados
- Un polvo blanquecino que aparece sin aviso
- Pequeñas telarañas casi invisibles.
Plagas habituales ahora
Las más frecuentes en esta época comparten algo: aprovechan el crecimiento activo de las plantas.
● Pulgones: atacan brotes tiernos y capullos, succionando la savia
● Hormigas: asociadas a la melaza de otras plagas
● Cochinillas: generan debilitamiento y favorecen hongos
● Araña roja: aparece con calor y sequedad
● Caracoles y babosas: dañan hojas, flores y bulbos
● Escarabajos: deforman flores y provocan caída de pétalos
● Mariposa del geranio: perfora tallos y vacía estructuras internas.

Enfermedades fúngicas
Los hongos no siempre se ven al principio, pero avanzan rápido. Suelen aparecer con humedad elevada y mala ventilación
● Oídio: velo blanquecino sobre hojas y flores
● Mildiu: manchas amarillas y crecimiento grisáceo
● Roya: pústulas anaranjadas o marrones que acaban secando la planta.


Cuando el problema ya está presente
Aun así, hay momentos en los que la plaga o la enfermedad ya ha hecho acto de presencia. Entonces, el objetivo cambia, y pasa de prevenir a contener y recuperar. Aquí entra en juego una idea importante: actuar rápido, pero con precisión. Cortar una flor infestada, podar una zona afectada o eliminar manualmente ciertos insectos puede ser más eficaz que un tratamiento generalizado. En otros casos, será necesario recurrir a productos específicos, siempre respetando la planta y su entorno.

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