«Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera» A. Machado
Cuando Corin Tomlinson (de Greenwood Bonsai) preguntó al autor de Classical Bonsai Art: A Half Century of Bonsai Study, Bill Valavanis, dónde se pueden encontrar bonsáis de calidad fuera de Japón, este no dudó en contestar: «En España». Seguramente Bill se refería a ejemplares como los que pueblan el museo de Luis Vallejo en Madrid (Alcobendas), un lugar de indescriptible e íntima belleza, máxima expresión del virtuosismo alcanzado en nuestro país por maestros de este arte milenario.
Por Luis Seijo Maceiras // Fotos de Carmen Ballvé

Tuve la suerte de conocer a Luis Vallejo con motivo de la presentación de su libro A los pinos el viento, publicado tras la pandemia, y ocasión de entrevistarle para Mi Jardín hace escasas semanas.
Nos citamos en su estudio de paisajismo una fría mañana de febrero para luego continuar la entrevista en el museo. El estudio se encuentra en San Sebastián de los Reyes y, para sorpresa del que se acerca a él, no está poblado por bonsáis centenarios. Sus moradores son piedras de rojos férricos y amarillento azufre, bombas volcánicas, rascacielos de pizarra, y fuentes de granito. Todas ellas reflejan el paso del tiempo a escala planetaria y nos muestran una belleza única y trascendental lograda con el paso de los siglos.
La magia de las piedras
Sorprende esta faceta de un maestro que tanto aprecia la belleza de lo efímero, pero que, en aparente contradicción, la encuentra en las telúricas huellas digitales de la geología. Tal vez por este motivo, los ejemplares favoritos del maestro son aquellos cuyas formas contradicen su propia esencia, formando curvas imposibles o formas inverosímiles. Aquí, como con sus bonsáis, el maestro interviene, cortando, puliendo, o dando forma a la piedra para lograr el efecto deseado y sobre todo el equilibrio en la asimetría. A veces, dice, «las piedras se rompen solas» mostrando su belleza interior oculta durante millones de años.
La terraza del estudio es un lugar mágico lleno de piedras y suiseki dispuestas a escoger a sus dueños y donde un pequeño Boletus volcanicus me escogió a mí.

Proporcionalidad
Todo en Luis parece girar en torno al concepto de enso, un clásico de la caligrafía japonesa y símbolo Zen de la negación de la perfección. Se podría suponer que al maestro le obsesiona este concepto, tan presente en las piedras que gobiernan sus paisajes, los cuencos de granito, los círculos incompletos. Pero nada en él transmite el desasosiego o disonancia de quien vive obsesionado. Luis busca y encuentra en la asimetría el equilibro de sus composiciones.
Durante la visita al museo hablamos de proporciones, en el paisajismo, en las piedras, y en el bonsái. Comenta Russell Page en su imprescindible obra La educación de un jardinero que uno de los errores más comunes cometidos por los aficionados a la jardinería es el de quedarse cortos y errar en las proporciones. Luis asiente, diciendo «la proporción lo es todo». Me muestra a continuación su reciente adquisición: un pino del maestro Kimura, cuyo diámetro de copa es igual a su altura en una proporción 1:1 tan codiciada en este arte.

Pregunto a Luis por sus inicios en el Bonsái, y él me responde con una anécdota. Trae a su memoria cómo, al pasear por el vivero de su padre, cuando era un niño, quedó cautivado por la belleza de una semilla de arce en vuelo. Su respuesta poética me recuerda que la poesía en la obra de Vallejo cobra un papel protagonista. Tanto es así que su libro está repleto de versos, empezando por el título, obra de Safo.
Los bonsáis y la poesía
De los vínculos entre el arte del bonsái y la poesía habla José María Parreño en su magistral ensayo Sobre bonsáis que acompaña las fotos y textos del libro. Citando a Onigashi nos recuerda que «lo que crece es siempre más bello que lo que se construye». En el libro, Buson, Benedetti, Tablada, Jiménez u Omitsura se dan cita, codeándose con las obras del maestro, coqueteando con pinos, juníperos, arces, y por supuesto hayas.
Por estas últimas, Luis parece tener una especial predilección. «Es el árbol madre», afirma, protagonista de sus vivencias en Navarra. Y recuerda, que «los arces tienen sus virtudes, pero no crean bosques. El Haya sí, como el hayedo de Montejo o los hayedos de Navarra». Bosques ideales e imperfectos.

Tiempo
De un alcornoque y sus maderas indescriptibles, recuerda la petición del emperador de Japón, entonces príncipe, maravillado por sus formas y la energía que de él brotaba. Solicitaba humildemente tocar el tronco: «¿Puedo?», preguntó. Luego emitió un breve suspiro al acercar la mano temblorosa a su centro vital sin llegar a tocarlo. «Todo bonsái tiene su chi —comenta Luis—. Y de él emana y en él se encuentra la esencia única del ejemplar vivo».
Hablamos de los fundamentos del bonsái. La imperfección, el movimiento, la sencillez, y por supuesto la asimetría, todos ellos estrechamente vinculados con la estética japonesa. «Y el tiempo», comento yo. Luis asiente. Hablamos de volúmenes, y del juego entre la luz y las sombras. Vallejo aprovecha el momento para detenerse delante de uno de los ejemplares expuestos en el museo para ilustrar estos conceptos. Me muestra una composición que no acaba de encontrar el equilibrio asimétrico de la madurez en su afán por alcanzar la luz. «Necesita más tiempo».
¿Quién observa a quién?
Confiesa que, a veces, al pasear por el museo, no sabe a ciencia cierta quién observa a quién. Si él a los árboles o los árboles a él. Hablamos también de las reglas en el arte del bonsái. A veces, estas se pueden doblar como las ramas de los pinos, o incluso romper. Presume sin pretensión ni ostentación de lo logrado a lo largo de tantos años dedicados al paisajismo y al cultivo de bonsáis, tanto de los jardines del Royal Mansour (Marrakech) como de las bondades de la cromoterapia del Hospital Río Hortega de Valladolid. Y se muestra especialmente orgulloso del museo, que en su opinión, ha alcanzado una espléndida madurez. Un lugar lleno de gravitas que diría el estadounidense Bjorn Bjorholm tras su visita.
Cuando un bonsái muere, se sufre
Manifiesta su preocupación por la supervivencia del mismo. Recuerda con cierta nostalgia cómo su maestro Kazuo Yajima alabó su visión romántica del arte del bonsái al acompañar en sus últimos años de vida a un ejemplar sometido a la inevitable decadencia de todo ser vivo. Incluso se entristece al recordar la muerte reciente de uno de sus ejemplares, como si fuese la de un ser querido. También cómo un estrecho colaborador suyo se sumió apenado en una depresión por idéntico motivo.
Huelga decir que varios ejemplares del museo llevan con Luis más de 4 décadas y, como decía el poeta, «Por eso he sido para mis bonsáis viento, lluvia, y verano. Por eso ellos son para mí hermanos de mis hijos».
Al despedirnos, Vallejo insiste en que la posesión está en la mirada y que uno posee un bonsái, un paisaje o un jardín en la medida en que lo contempla.
NO OLVIDES HACERTE AMIGO DEL MUSEO BONSÁI LUIS VALLEJO, una visita obligada que te encantará.
Av. Olimpica s/n. Arroyo de la Vega.
28701 Alcobendas. Madrid
Tel.: 91 765 20 41 | bonsai@luisvallejo.com

Si quieres saber más acerca de este tipo de planta ornamental y su técnica milenaria, no te pierdas el primer reportaje de la serie Mundo Bonsái que podrás leer en el número 316 de la revista MI JARDÍN y en los posteriores. Para conseguirlo, llámanos al 916326251 o escríbenos a suscripciones@revistamijardin.es
