Artistas y administraciones públicas han homenajeado el oficio y la afición por la jardinería; unos cincelando, esculpiendo y tallando, otros, auspiciando la labor a través del mecenazgo… Rendimos aquí un homenaje a los genios escultores de la piedra y el bronce, que nos permiten transitar por los jardines con su mirada artística y sensible.
Por Francisco Sánchez Egea // Fotos de Shutterstock y Jason deCaires Taylor
Michelangelo Buonarroti aseguraba que la forma ya existía dentro de la piedra y el objetivo del escultor era liberarla. Comprando la visión del genio italiano en torno a la figura preexistente, es digno de aplauso el hecho de que muchos jardineros hayan sido «liberados» a lo largo del último siglo.
Tradicionalmente, hasta aproximadamente finales del siglo XVIII, el arte de la escultura se centró en la representación de deidades, personajes y figuras mitológicas o religiosas, junto a retratos de gobernantes y otros individuos importantes o, cuanto menos, pudientes.
Con la expansión del Realismo y el Romanticismo, la sexta de las Bellas Artes pasó a ser mucho más social y crítica. Así ampliaba un abanico de temas y posibilidades que se extendió, con las Vanguardias, hasta los confines infinitos de la imaginación humana. Dicho esto, parece comprensible que la mayoría de las estatuas que homenajean el oficio o la afición por la jardinería, ya sea de forma simbólica o naturalista, hayan sido esculpidas en los últimos 100 años. Lo que no ha cambiado en todo este tiempo es la importancia que el mecenazgo tiene para la democratización del arte.
Arte de bronce a pie de calle…

En 1971, el Comité de Árboles, Jardines y Espacios Abiertos de Londres encargó a la artista británica Karin Jonzen una escultura que pusiera en valor el trabajo de todos los jardineros que cuidan los parques y jardines públicos de la capital inglesa. El resultado fue The Gardener, una figura en bronce en posición laboriosa, cuyo rostro indefinido se concentra en la tierra que su mano izquierda trabaja, mientras la derecha se apoya en la rodilla flexionada. Actualmente, se encuentra en los aledaños de Brewers’ Hall.
En la famosa Plaza del Trocadero parisina podemos encontrarnos Le Jardinier. Un detalle, la regadera que el joven sostiene en la mano, representa la actividad que conmemora. Esta escultura de bronce, revestida en color dorado, fue el primer encargo público que Robert Couturier recibió por parte del estado francés. Fue uno de los muchos trabajos enmarcados en un palacio de Chaillot, también en construcción por aquella época, que acogería la Exposición Internacional de París de 1937.
A los pies de la torre de la Plaza Puerta del Rincón, en Córdoba, la imagen de una mujer esculpida en bronce, ataviada con vestimenta atemporal y jazmines en el moño, riega unas macetas azules colgadas en la pared de forma tradicional: con una caña y una lata. Es La Regadora, la primera de las tres obras de un grupo escultórico que homenajea la vida en los patios cordobeses, creado por José Manuel Belmonte y comisionado por el ayuntamiento de la ciudad. Las otras dos obras, Abuelo y niño y El pozo de las flores, reflejan, con similar acierto, el cariño y la atención que los cordobeses ponen en sus patios.


…Y bajo el agua
Jason deCaires Taylor es conocido por exponer su arte bajo el agua, sumergiendo sus esculturas en museos subacuáticos. Las piezas acaban siendo transformadas por la naturaleza, que las convierte en pequeños arrecifes artificiales gracias a que el material utilizado en su construcción está diseñado para ser colonizado por la vida marina. En el MUSA de Cancún, México, a cuatro metros de la superficie, los visitantes pueden ver La Jardinera de la Esperanza. Aunque su creador la llamó simplemente Gardener, las libertades en la traducción al castellano enfatizan el mensaje de regeneración y positivismo que intenta transmitir el artista. De hecho, en las macetas que rodean a la joven tumbada sobre un patio, y que simbólicamente cultiva, se colocaron esquejes de coral vivo rescatados de áreas dañadas por las tormentas y la actividad humana.

Se puede hablar mucho más de jardinería y escultura: desde la forma elegida por el neoyorquino Elliot Arkin para representar a Picasso en The Spanish Gardener, al que esculpió cortando el césped, hasta la pequeña pala manual de Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen en Plantoir; pasando por el arte site-specific de Cristina Iglesias, conocida por su trabajo en jardines y espacios públicos. Pero, quizás, estos últimos temas den para otro artículo.
