Home Buenas ideasOtoño sin sustos: ¿qué peligros esconde esta temporada?

Otoño sin sustos: ¿qué peligros esconde esta temporada?

by Redaccion
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Llega el fresco, llueve por fin y, de repente, el jardín parece otro. Brotes que se animan, césped que reverdece… y también algún que otro quebradero de cabeza: charcos, hongos, vientos racheados, caracoles con hambre y otros peligros de este tipo. Nada grave si estamos prevenidos.

Siempre decimos que en septiembre comienza el verdadero calendario jardinero. Y es que además, cuando nos vamos acercando al otoño, las tareas se multiplican si quieres que tu jardín llegue al invierno fuerte, limpio y sin sorpresas raras. Con estas rutinas lo conseguirás y, entonces sí, a disfrutar de colores, setas… y del olor a tierra mojada, que para eso estamos aquí.

Riega con cabeza (y con el dedo)

Tras el verano, muchos programadores siguen como en agosto. Resultado: raíces asfixiadas y macizos que se ponen mustios sin estar sedientos, lo que supone peligros ante los que hay que estar atentos. Haz la prueba del dedo: si a 3–4 cm el sustrato está fresco, no riegues. Como norma, reduce a la mitad la frecuencia estival y vigila los charcos. En zonas pesadas, aligerar el suelo con materia orgánica y arena de río funciona; y si el agua se empoza, abre pequeñas zanjas de evacuación.

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El musgo es bonito, pero resbala

El musgo es síntoma de humedad persistente, poca luz y terreno compactado. En el césped, pasa el escarificador o un buen rastrillo para abrir la superficie y que entre oxígeno. Mejora la luz si puedes (podas ligeras, no talas) y corrige el abonado. Donde haya tránsito –escalones, senderos–, mantén a raya el musgo por pura seguridad. Un resbalón tonto en otoño… no hace gracia.

Truco Mi Jardín: después de la escarificación, esparce una capita fina de arena y recebo. El césped respirará y drenará mejor.

Controla caracoles y babosas

Aparecen en cuanto huele a lluvia. Dalias, hostas, lechugas son su menú degustación. Para que no acaben con ellas, te proponemos dos caminos que combinan bien: recogida manual al atardecer (linterna en mano) y trampas de cerveza enterradas a ras de suelo. Si la presión es alta, usa cebos específicos y colócalos en puntos de paso. Y planta tagetes cerca de los bancales: además de alegrar, ayudan a disuadir estos pequeños peligros.

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Hongos al acecho 

Con humedad y frescor, los hongos están en su salsa. En rosales es fácil detectar a la roya, por las pústulas anaranjadas en el envés de la hoja. Retira hojas afectadas (no las echas al compost) y mejora la ventilación. Los aceites minerales de invierno ayudan a limpiar esporas invernantes; y, si hace falta, recurre a un fungicida ecológico. Otra vieja conocida es la armillaria en las leñosas: evita mojar troncos y cuellos, riega al pie y no entierres la base con acolchados que toquen la corteza. Alterna tratamientos y, si puedes, apoya con productos ecológicos que refuerzan las defensas de las plantas. 

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Es tiempo de viento racheado 

El viento otoñal no avisa. Revisa ramas quebradas tras cada temporal y regulariza las heridas con un corte limpio. Después, una fina capa de pasta cicatrizante y listo. En vivaces y flores altas, un tutor discreto hace milagros 

Atención a los insectos del suelo 

El terreno mullido es un festival para larvas y orugas que mordisquean raíces. Dedica 10 minutos al final del día a levantar ligeramente la superficie con una azadilla; es cuando salen. Airear el suelo reduce daños y favorece raíces sanas. Si detectas un ataque serio, aplica un tratamiento indicado para insectos del suelo, y, si dudas, pregunta en tu centro de jardinería. Mejor prevenir que lamentar, pero sin cargar de químicos por costumbre. 

Cuidados extra a las macetas 

En contenedor, la lluvia compacta la capa superior. Remuévela cada semana con un tenedor de mano para abrir poros y evitar pudriciones. Vacía platillos tras los episodios de agua; ese dedo de agua estancada es enemigo íntimo de las raíces finas. Si el sustrato huele a agrio, toca renovación parcial: mitad viejo, mitad nuevo, y un puñado de compost bien maduro. 

Rutinas exprés que marcan la diferencia 

  • Levanta hojas caídas. En praderas, una pasada de escoba de césped evita hongos y calvas. En caminos, menos resbalones. 
  • Encauza el agua. Revisa canaletas, bajantes y mangueras; un atasco pequeño crea un pantano en el parterre. 
  • Entutora y aporca. Un poco de tierra alrededor del cuello estabiliza plantas jóvenes; el viento se lo piensa dos veces. 
  • Cintas pegajosas en frutales. Barrera «a la antigua» contra polillas invernales. Colócalas antes de que suban a poner huevos. 
  • Espacia y poda suave. El aire es el mejor fungicida preventivo; si dos plantas se tocan, negocia una separación amistosa. 
  • Calza macetas. Unos taquitos en el pie elevan el contenedor y mejoran el drenaje en terrazas y patios.
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