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¿Sabes leer el suelo después de las lluvias?

by Redaccion
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Tras una sucesión de temporales que han barrido la península y las islas, el jardín
entra en una fase delicada. Lo que a primera vista parece una bendición hídrica
puede convertirse, si no se revisa a tiempo, en el origen de asfixias radiculares,
enfermedades fúngicas y desajustes de riego. Aquí tienes cómo actuar ahora.

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Comprueba la humedad real del suelo

La superficie puede secarse antes que el interior: no te fíes solo del aspecto exterior.

  1. Introduce una varilla metálica o un plantador estrecho hasta unos 10–15 cm.
  2. Si penetra con dificultad y el interior aparece compacto y brillante, el suelo sigue saturado.
  3. Si la herramienta entra con facilidad y el interior muestra textura granulosa, la aireación es correcta.
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La lluvia transforma el jardín de forma inmediata. El verde se intensifica, el polvo desaparece, las hojas recuperan brillo. Sin embargo, bajo esa apariencia saludable se están produciendo cambios profundos. El agua modifica la estructura del suelo, altera el equilibrio microbiano y redefine el ritmo de absorción de las raíces. Este año, además, la situación es singular. A la acumulación de precipitaciones se suma la nieve almacenada en montaña y en cotas medias. Cuando el deshielo se active de forma generalizada, muchos terrenos recibirán un segundo aporte hídrico sostenido. El jardín, por tanto, se enfrenta a un periodo prolongado de saturación.

Momento de transición: qué hacer y qué no hacer

Tras el agua y antes del calor, el jardín se encuentra en un punto de equilibrio frágil. Quien observa ahora con atención, disfrutará más adelante de un espacio fuerte, sano y preparado para lo que venga.

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Señales de alerta tras lluvias prolongadas:

  • Agua acumulada más de 48 horas en la
    misma zona.
  • Suelo que permanece blando y
    apelmazado durante días.
  • Hojas con manchas circulares o polvillo
    blanquecino.
  • Césped con áreas amarillas irregulares.
  • Macetas excesivamente pesadas y sin
    drenaje visible.

SÍ:

  • Esperar a que el terreno pierda el exceso
    de humedad antes de trabajar.
  • Mejorar la estructura con compost maduro.
  • Revisar programación de riego.
  • Retirar restos vegetales acumulados.

NO:

  • Pisotear zonas blandas.
  • Abonar con el suelo saturado.
  • Segar césped encharcado.
  • Remover profundamente la tierra húmeda.

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